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Clima: las cosas que no nos dicen

Clima: las cosas que no nos dicen


El clima: las cosas que no nos dicen

En el primer número de Elicriso apareció el artículo "Nunca había hecho tanto calor como este año", escrito con el objetivo de llamar la atención del lector sobre cómo tantos clichés influyen en nuestras creencias, enfatizados por los medios de comunicación, cuando en cambio sería es más prudente señalar el límite de nuestro conocimiento.

Para los profesionales, muchos fenómenos son obvios, tanto que no consideran necesario explicar sus mecanismos, en particular la relación causa-efecto y, muy importante, los límites de su fiabilidad.

Pero para el hombre de la calle, ¿dónde terminan las certezas y dónde comienzan las suposiciones? ¿Cómo evaluar los valores de los factores meteorológicos sin que alguien le explique la naturaleza de esos fenómenos de los que estamos hablando?

¿No sería apropiado, para hacer más inteligible lo que sucede a su alrededor, que se le exponga el contexto, tanto en el espacio como en el tiempo pasado, en el que tantos fenómenos evolucionan continuamente? ¿Por qué hacer que viva el día dándole la información suficiente para que elija la ropa más adecuada para el tiempo programado para las próximas 24 horas? ¿Por qué los medios de comunicación, especialmente la televisión, no sacrifican una pequeña fracción del espacio que dedican al crimen o al chisme, a películas mal seguidas, para dedicarse a un programa educativo sobre meteorología, incluso con intenciones pedagógicas?

Si hubiera una cultura meteorológica más extendida, habría una mayor participación y conciencia para la protección del medio ambiente y las consecuencias de la contaminación.

Antes de plantearnos tantas preguntas intentaremos, para el profano, tratar el mayor número de elementos que contribuyen a caracterizar el tiempo y el clima. Obviamente habrá referencias al medio ambiente y desastres naturales, tratando de identificar cómo el hombre podría intervenir para mejorar las condiciones de uno y contener el daño de los otros.

Para evitar ser acusados ​​de subestimar el problema de la contaminación o, lo que es más grave, del fatalismo, queremos aclarar que al tratar los temas será nuestro cuidado tener en cuenta los siguientes criterios:

  • Intentaremos, en la medida de lo posible, separar las causas y efectos vinculados a factores locales, precisando dónde comienza la excepcionalidad de ciertos valores con respecto al pasado y subrayando el daño que ocasiona la contaminación como efecto inmediato para quienes viven. en áreas de alto riesgo, evitando vincular los efectos locales a fenómenos detectables en el medio terrestre y en la estratosfera. P.ej. El grito de que la emisión de componentes de la combustión de combustibles contribuye a ensanchar el "agujero en el ozono" a 15-20.000 km sobre la Antártida, no creemos que sea muy efectivo en la concienciación de los habitantes de muchas zonas en riesgo. . De hecho, no muchos saben dónde está la Antártida, o en todo caso, está tan lejos que la mayoría se muestra escéptica sobre las posibles consecuencias nocivas del fenómeno en nuestras latitudes. Quizás sería más efectivo, sensibilizar a la opinión pública, mostrar una documentación médica comprensible para el hombre de la calle sobre los efectos inmediatos de la contaminación en la salud, a nivel de barrio, sin perturbar el Polo Sur;
  • En cuanto a la evolución del tiempo y el clima en un rango más amplio, posiblemente se enmarquen en un contexto más o menos extendido en el pasado, para comprender si hay eventos verdaderamente excepcionales o más bien manifestaciones que se encuadran en la norma y en ciertos Casos previsibles.

¿Por qué mantener los eventos de alcance limitado, tanto en el espacio como en el tiempo, separados de los que involucran al mundo? La razón es muy sencilla. Mezclar los dos tipos de eventos, como suelen hacer los medios de comunicación, sólo sirve para crear confusión y, en la mayoría de los casos, alarmismos inútiles y exagerados, mezclar causas y efectos propios del tiempo con los del clima. De hecho, unos pocos grados de temperatura son suficientes durante 3-4 días para hacerte gritar que el clima ya no es lo que solía ser y que es culpa de "efecto invernadero", demonizar un sistema ecológico, sin reflejar que nuestro ecosistema se ha establecido en la tierra desde sus inicios, es decir, desde que ha surgido una atmósfera, aunque con los mismos componentes que caracterizan la atmósfera actual.

Además, creemos útil subrayar y resaltar que los datos del monitoreo ambiental (datos meteorológicos, composición del aire como dióxido de carbono, ozono, compuestos nitrogenados, etc.) no se realizan de manera uniforme en el territorio nacional, sino que obviamente se realizan principalmente referido a centros con alta densidad poblacional y / o altamente industrializados.

Esta situación siempre debe tenerse en cuenta antes de generalizar los datos locales para no llegar a conclusiones erróneas. De hecho, dado que el hombre es la principal causa de contaminación del aire, suelo y agua a través de sus actividades, surge espontáneamente la pregunta ¿cómo se distribuye la población en el territorio?

Y aquí surge una primera perplejidad: el 31% reside en las capitales de provincia

pero, lo que es más importante, ocupa solo el 6% del territorio nacional.

A la luz de estos datos y considerando que el monitoreo de la contaminación se realiza principalmente en grandes centros, naturalmente surge la pregunta: ¿Es legítimo extrapolar los datos a todo el territorio y luego sacar conclusiones más o menos correspondientes a la realidad, a partir de datos tan limitados en el espacio?

Por ejemplo, si observa el cuadro adjunto, que muestra algunos datos de las provincias de Milán y Lodi.

Se puede observar que los componentes atmosféricos que presentan valores más altos tanto en frecuencia como en porcentaje, están en correspondencia con estaciones de detección concentradas en áreas más pequeñas que toda la superficie de las dos provincias. Probablemente también haya una densidad desigual de las estaciones de levantamiento, debido a que hay áreas con pocos asentamientos. Sin embargo, la uniformidad en la red de seguimiento sería verdaderamente indispensable para disponer de una documentación precisa sobre la distribución de la contaminación y, por tanto, extraer conclusiones de ella a nivel nacional, si no nacional, al menos macrorregional.

Intentaremos en un futuro próximo elaborar datos de amplio alcance con la ayuda de las distintas Provincias u otras entidades, esperando la misma colaboración cortés y pronta de la Provincia de Milán.

En el próximo número de Elicriso revisaremos el examen de los diversos componentes de la atmósfera y sus límites de tolerancia.

Dr. Pio Petrocchi


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